Prácticas somáticas: qué son y cómo el cuerpo guarda y libera el trauma
Cuando la palabra no alcanza, el cuerpo habla.
Nuestro cuerpo guarda historias que la mente no siempre puede nombrar.
En nuestros tejidos se inscriben experiencias de dolor, miedo y supervivencia que, si no se procesan, continúan expresándose en forma de síntomas físicos, tensiones crónicas, ansiedad, insomnio o patrones relacionales repetitivos.
Las prácticas somáticas son enfoques terapéuticos que integran cuerpo y mente para facilitar procesos de sanación profunda. Parten de una premisa esencial: no todo puede resolverse desde la palabra, porque muchas de nuestras heridas no se alojan en la memoria consciente, sino en el sistema nervioso y en el cuerpo.
El término somático proviene del griego soma, que significa cuerpo, y pone el foco en la escucha de las sensaciones físicas como vía de acceso a memorias emocionales, patrones inconscientes y respuestas automáticas de supervivencia.
Cuando una experiencia resulta abrumadora y no puede ser procesada en el momento, el cuerpo encuentra la manera de sostenerla. Aquello que no pudo ser sentido, expresado o integrado queda registrado como tensión, bloqueo energetico o hiperactivación del sistema nervioso. Con el tiempo, estas memorias pueden manifestarse como malestar físico, reacciones emocionales desproporcionadas o dificultades en los vínculos.
Diversas tradiciones antiguas ya reconocían al cuerpo —y especialmente a la fascia, nuestro tejido conectivo— como un espacio de almacenamiento y transmutación de la experiencia. Hoy, la ciencia moderna confirma que el trauma no solo impacta a nivel psicológico, sino también biológico. La epigenética nos muestra cómo las experiencias traumáticas influyen en la expresión genética y pueden transmitirse de generación en generación como patrones automáticos del sistema nervioso.
Las prácticas somáticas trabajan directamente con estos registros, ayudando al cuerpo a completar procesos que quedaron inconclusos. A través de la respiración consciente, el movimiento, el contacto terapéutico, la atención plena y otras técnicas corporales conscientes, se crea un espacio seguro para sentir, liberar y reorganizar.
No se trata de revivir el trauma, sino de permitir que el cuerpo salga gradualmente del modo supervivencia —huida, lucha, complacencia o parálisis— y recupere su capacidad natural de autorregulación.
Tendemos a evitar emociones difíciles de procesar como el miedo, la culpa, la vergüenza o la ira porque generan dolor internamente. Y esta comprobado que el dolor emocional y el físico comparten circuitos neurológicos similares.
Dado que nuestro sistema nervioso está diseñado para evitar el dolor, al evitar sentir nuestras emociones negándolas o reprimiéndolas continuamente, el procesamiento de la experiencia emocional traumática queda incompleta. Sentir nuestras emociones completamente de manera consciente, segura y acompañada nos permite que la energía atrapada se libere y que el sistema nervioso recupere su equilibrio natural.
Por eso, las prácticas somáticas no solo alivian síntomas, sino que resuelven la causa facilitando transformaciones profundas y duraderas.
Al reconectar con la inteligencia del cuerpo, ampliamos la comprensión, desarrollamos la auto compasión validando esa parte de nuestra historia sin necesidad de revivirla y recuperamos energía vital que estaba bloqueada y ahora queda disponible para crear, vincularnos y habitar la vida con mayor presencia.
Algunas técnicas utilizadas en las prácticas somáticas incluyen;
- Pranayamas o ejercicios de respiración consciente para regular y equilibrar el sistema nervioso
- movimientos corporales suaves o expresivos como ejercicios bioenergéticos, posturas o asanas de yoga, biodanza, el tai chi, etc.
- técnicas de liberación emocional como el tapping que combina toques en puntos específicos del cuerpo con afirmaciones
- terapia de contacto físico consciente, masajes terapéuticos como el shiatsu, terapia craneosacral, la acupuntura, etc.
- Meditaciones guiadas de atención plena combinada con visualizaciones para conectar emociones con sensaciones físicas.
Como expresa Peter Levine, creador del enfoque Somatic Experiencing:
“El trauma no reside en el evento externo, sino en la respuesta del sistema nervioso frente a ese evento.”
Cuando el cuerpo puede completar lo que quedó pendiente, la sanación deja de ser un esfuerzo y se convierte en un proceso natural, espontaneo casi inevitable.
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