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8 Señales de que estás sanando emocionalmente (aunque no lo sientas así)

La sanación no siempre se siente bien: a veces se vive en silencio, soledad y transformación interna.

Sanar nuestras heridas emocionales es un proceso tan sutil y silencioso que muchas veces pasa inadvertido. Nuestra sanación emocional no se manifiesta de manera evidente ni se anuncia con bombos y platillos. Sin embargo es importante notarla y celebrarla para motivarnos a continuar expandiendo nuestra conciencia y explotar nuestro potencial.

Estar sanando no significa sentirnos bien o felices todo el tiempo. De hecho, la sanación suele llegar mucho antes de experimentar una sensación de plenitud sostenida. Por eso, no te alarmes si estás atravesando momentos de soledad, vacío o retracción emocional y lo estás sufriendo. Paradójicamente, eso mismo puede ser una señal de que tu proceso de sanación ya ha comenzado.

Sanar no es negar ni reprimir emociones difíciles, sino permitir que nos atraviesen para poder integrarlas y liberarlas. Por ello, es esperable que durante este proceso aparezcan con intensidad emociones como tristeza, miedo o enojo, que probablemente habían permanecido reprimidas en el cuerpo durante mucho tiempo y ahora comienzan a liberarse.

También es natural —e incluso necesario— atravesar períodos de soledad. El propio proceso psicológico de individuación, como lo describía Jung, requiere cierto aislamiento para integrar las distintas partes de la psique, incluidos los opuestos consciente–inconsciente y personal–colectivo. Es en la soledad donde podemos reencontrarnos con nosotros mismos y reconstruirnos en una versión más auténtica y expansiva.

Energéticamente la introspección, el silencio y la retirada momentánea del mundo funcionan como una protección necesaria para filtrar influencias externas de personas que no comprenden nuestro proceso y que, sin intención consciente, podrían interferir con él a través de sus miedos, dudas o prejuicios.

Lo que llamamos sanación emocional es, en realidad, un proceso mucho más profundo e integral. Abarca lo psicológico, lo biológico, lo energético y lo espiritual. Es una reprogramación completa que nos conduce de la fragmentación a la unidad y la coherencia interna; del caos y la confusión al orden, la claridad y la integración de nuestro campo de conciencia. Este proceso se activa cuando dejamos de intentar ser lo que creíamos que debíamos ser y comenzamos a encarnar lo que realmente somos en nuestra totalidad.

Esta transformación no es inmediata ni milagrosa. No es un cambio abrupto que aparece de golpe y desaparece igual de rápido. La sanación es humilde, lenta y silenciosa. Al principio puede pasar desapercibida, pero posee la fuerza de todo cambio verdadero: aquel que se gesta en lo profundo y está destinado a perdurar.

Es un proceso expansivo y no lineal, con avances y retrocesos, pausas y reaprendizajes. Sin embargo, incluso en las recaídas, algo esencial se ha integrado. La inteligencia de nuestro Ser tiende naturalmente al equilibrio y a la sanación. Por eso, la transformación tiene un inicio, pero no un final: somos energía en constante movimiento, llamados a expandir nuestra conciencia a lo largo de toda la vida.

Existen, no obstante, algunas señales claras de que este proceso ya está en marcha:

1. Vivimos más en el presente

Salimos de la mente para comenzar a habitar el cuerpo. Pensamos y hablamos menos del pasado, nos desidentificamos de nuestra historia y soltamos la necesidad de victimizarnos o demonizar al otro. Disminuye la obsesión por controlar el futuro y la búsqueda constante de respuestas. Aun en la incertidumbre, logramos bajar al cuerpo, relajarnos y apreciar lo que somos y tenemos en nuestro presente.

2. Dejamos de huir del silencio y la soledad

En lugar de temerlos, comenzamos a disfrutarlos. Ya no necesitamos llenar cada silencio o espacio vacio con distracciones, ruido o hiperactividad. Aprendemos a nutrirnos de nuestra propia compañía, utilizando esos momentos para reflexionar, escribir, sentir, llorar, crear o simplemente estar.

3. Reaccionamos menos a viejos disparadores emocionales

Al permitirnos sentir y comprender nuestras emociones, muchas situaciones que antes nos sacudían dejan de hacerlo. Recuperamos poder personal al elegir cómo responder desde la Conciencia y no desde la herida. Viejos patrones comienzan a romperse.

4. Empezamos a poner límites sanos

Al comprendernos mejor, honramos nuestras necesidades y aprendemos a respetarnos. También dejamos de caer con facilidad en manipulaciones, proyecciones ajenas o dinámicas de culpa. Soltamos la necesidad de complacer, rescatar o sacrificarnos para evitar conflictos y obtener validación externa.

5. Nos reconciliamos con quienes somos

Dejamos de pelearnos con nosotros mismos. Aceptamos nuestras emociones, luces y sombras. Observamos nuestra oscuridad con curiosidad, sin juicio, sin necesidad de negarlas o proyectarlas en otros. Dejamos de reprimir nuestros verdaderos deseos y aspiraciones porque empezamos a honrar nuestro potencial.

6. Desarrollamos una mirada más amplia, flexible y compasiva

Nos volvemos más flexibles, menos rígidos en el juicio. Dejamos de polarizar la realidad entre “bueno” y “malo” y aceptamos que nuestra visión puede ser limitada. El ego pierde protagonismo y ya no necesitamos tener razon o convencer a otras personas de nuestros puntos de vista. Tambien se disuelve nuestra necesidad de controlar porque emerge una confianza más profunda en la vida.

7. Cambia la calidad de nuestros sueños

Nuestro subconsciente se expresa con mayor claridad en símbolos, imágenes e historias frecuentemente representadas en nuestros sueños. Estos se vuelven mas interesantes, vividos, significativos y fáciles de recordar. Pesadillas repetitivas se transforman perdiendo intensidad o desaparecen a medida que integramos partes antes fragmentadas de nuestra psique. Nuestra actitud en ellos cambia, sintiéndonos empoderados, guiados e incluso pudiendo experimentar cierta lucidez.

8. Se activa nuestra intuición, el sincronismo y un sentido mas profundo de la vida

Comenzamos a notar con mas frecuencia algunas sincronicidades. Las coincidencias significativas se vuelven mas evidentes, lo que nos lleva a sentir que nuestra vida tiene un significado mayor. Confiamos mas en nuestra intuición y dejamos de vivir como meros espectadores o víctimas de las circunstancias para asumir un rol más consciente y protagonista. Intentamos encontrar un sentido mas profundo a las experiencias que nos desafían valorando los aprendizajes detras de los obstaculos en nuestro camino.

Estas son solo algunas señales de que tu proceso de sanación ya está en marcha.

Pero la sanación no requiere que seamos perfectos y hayamos eliminados todos nuestros problemas. Porque «sanación» desde una perspectiva multidimensional, es la restauración de nuestra coherencia interna. Es el regreso a nuestra propia frecuencia energética original, nuestra integridad fundamental. Lo que se va logrando gradualmente en la medida que nos dejamos de identificar con el cuerpo y los contenidos de nuestra mente, para empezar a sintonizar con un campo de Conciencia mas amplio.

Por eso desde esta perspectiva puedes tener síntomas de enfermedad y aun así, estar sanando. Podrías tener una vida aparentemente rota y estar en el proceso de integración mas profundo de tu existencia. La sanación ocurre en el nivel del campo de Conciencia personal y desde allí se va manifestando gradualmente en todos los niveles del Ser: mental, emocional y finalmente físico.

Esta transformación que es profunda y definitiva, requiere constancia, repetición y tiempo suficiente para que cada aspecto y dimensión de nuestro Ser se alíe con la nueva frecuencia que estamos eligiendo. Implica un cambio de identidad energética que comienza cuando elegimos dejar de ser lo que otros esperan y comenzamos a ser lo que verdaderamente somos en toda nuestra completitud.


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